Las enfermedades hepáticas son un grupo de trastornos que producen alteraciones en las principales funciones del hígado (producción de bilis, energía,coagulación, crecimiento, etc.), generando un daño agudo o inmediato y/o un daño crónico o de largo tiempo, incluso de años. El daño puede ser congénito (desde el nacimiento) o ser adquirido (hígado previamente sano).
Debido a la gran cantidad de funciones que realiza el hígado, a menudo puede ser atacado por diferentes factores como algunos virus, sustancias tóxicas, medicamentos, etc. sin importar el sexo o la edad o la condición social. Sin embargo, el hígado es un órgano tan noble, que continúa trabajando aún teniendo dos terceras partes dañadas, no se queja y, en muchas ocasiones, son pocos los síntomas cuando está dañado en fases tempranas, por lo que las personas con problemas hepáticos pueden no estar conscientes de padecer una enfermedad.
La enfermedad hepática más común es la hepatitis o inflamación del hígado que puede tener un gran número de causas, puede ser aguda, es decir una inflamación temporal, o bien crónica cuando el agente que está agrediendo al hígado se mantiene dañándolo (ver sección de hepatitis).
La consecuencia crónica más importante de las enfermedades hepáticas es la cirrosis, que es una enfermedad progresiva y fatal en que la fibrosis del hígado, secundaria a una reacción inflamatoria, lo conduce a graves alteraciones en su función metabólica y de circulación sanguínea. En estado avanzado el daño es irreversible teniendo una pérdida de sus funciones principales porque las células normales se cambian por tejido fibrótico o cicatricial. La cirrosis hepática es una de las diez causas más frecuentes de muerte en el mundo occidental.
Hay muchas enfermedades del hígado conocidas. Algunas de ellas son:
Si se sospecha una enfermedad del hígado es muy importante consultar a un medico, de preferencia a un hepatólogo, que es un medico gastroenterólogo con especialidad en hígado, para que le indique los pasos a seguir, como:
serología en búsqueda de virus de hepatitis (A, B, C);
ultrasonido de hígado y vías biliares para observar la forma y estructura del hígado y vesícula.
Si se sospecha que el daño del hígado está avanzado, pudiera requerirse una endoscopía alta para buscar várices en el esófago en pacientes con cirrosis.
En casos específicos se puede requerir una biopsia de hígado (toma de muestra de tejido con aguja) para ver al microscopio el tipo de daño que tiene el órgano.
El tratamiento es muy variado y dependerá del tipo específico de la enfermedad. En ciertos casos, con el simple hecho de retirar el factor agresivo (medicamentos, tóxicos, alcohol) el hígado puede recuperarse íntegramente. Otras enfermedades requieren medicamentos específicos para tratar infecciones por virus o parásitos.
Cuando la enfermedad se encuentra en una fase muy avanzada, con una falla de las funciones del hígado en una etapa terminal, el trasplante hepático es la única opción.